Formadores como Facilitadores de Conocimiento

Cada persona es protagonista de su propio proceso de aprendizaje, decide sobre el cuándo, el cómo y el porqué, y hoy más que nunca respaldado por la tecnología. Esta realidad obliga a replantearse no sólo el papel que juega el formador en los procesos de aprendizaje sino los propios espacios de aprendizaje formal.

Las Tecnologías del Aprendizaje y del Conocimiento (TAC) van más allá de aprender a usar las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) y apuestan por explorar estas herramientas tecnológicas al servicio del aprendizaje y de la adquisición de conocimiento.

Internet facilita la interacción a través de espacios de aprendizaje digitales y móviles cargados de recursos didácticos y de comunicación. Se puede acceder a ellos desde cualquier dispositivo en el momento más apropiado, con seguridad e independencia tecnológica (cada vez la comunicación es más sencilla e intuitiva). El aprendizaje es continuo sin entender de edad o especialización, y visibiliza la adquisición de logros y metas de aprendizaje de forma más rápida y ajustada a demandas puntuales, que reciben soluciones u orientaciones para la acción.

El aprendizaje es social. Hasta hace poco para buscar información sobre un tema concreto recurríamos a la lectura de algún libro, enfrentándonos unas 200 páginas. Actualmente buscamos 2 o tres tutoriales en Youtube, o varias entradas especializadas en algún blog y páginas de referencia.

Las partes de conocimiento son más pequeñas que antes, están más fragmentadas. Y es interesante como cada vez que estas partes se vuelven más pequeñas hay muchas más formas de configurarlas y componerlas para generar conocimiento. Cada persona puede hacer combinaciones diferentes, basadas en sus propias experiencias y conocimientos previos, creando con ellos entornos de aprendizaje diferentes y personalizados.

No obstante para que sea efectivo y se produzca verdadero aprendizaje debemos evaluar la validez y la coherencia del conocimiento que estamos armando. Hablamos, por tanto, de un nuevo enfoque de “aprendizaje con la tecnología”, orientado al desarrollo de competencias metodológicas fundamentales como es el Aprender a Aprender, que difícilmente se puede realizar sin acompañamiento experto.

Por ello los formadores, aunque pueda parecer lo contrario, son ahora más necesarios de lo que fueron anteriormente, sobre todo en el ámbito empresarial y en los procesos de aprendizaje permanente de los trabajadores. Son los Facilitadores de Conocimiento los que ponen a nuestra disposición estrategias que nos permiten estructurar y articular el conocimiento.

El formador se convierte en este contexto en un Intermediario del Conocimiento, crea conexiones, pone en contacto, establece relaciones entre las diferentes áreas de la organización para ayudar a construir el mapa del conocimiento organizativo. Ayuda a sumar aprendizajes individuales y crear un aprendizaje colectivo superior que revierte en la optimización del capital estructural de toda empresa.

Es Organizador del Entorno del Aprendizaje y con ello sus funciones se multiplican y especializan. De un medro transmisor de conocimiento pasa a ser un asesor, mediador, facilitador y diseñador de procesos.

El formador como Programador, Director y Coordinador del Proceso de Aprendizaje debe ser capaz de diseñar qué tareas son las que deben guiar la formación e identificar los medios tecnológicos que soportarán el proceso de aprendizaje para que éste sea significativo y produzca el cambio deseado. Debe conseguir que cada participante pueda auto-organizar su trabajo individual, identificar los objetivos que debe alcanzar, explorando con ello las posibilidades del contexto en el que se desarrolla su actividad.

Laura Rosillo, avanza las funciones que los facilitadores de conocimiento deben desarrollar para que se produzca un aprendizaje real en los participantes:

  • Estimular el pensamiento de orden superior. Proponer tareas que requieran manipular informaciones y opiniones y transformarlas con el fin de sintetizar, generalizar, explicar o llegar a una conclusión o explicación. Facilita información e ideas para resolver problemas o descubrir nuevos significados.
  • Garantizar la profundidad del conocimiento. El conocimiento es profundo cuando los participantes pueden hacer distinciones claras, desarrollar argumentos, resolver problemas, construir explicaciones y trabajar con conceptos complejos.
  • Contextualizar el conocimiento. Los participantes son capaces de relacionar sus experiencias personales con problemas más globales, del mundo real y viceversa.
  • Provocar conversaciones y pensamiento divergente. Los participantes intervienen exponiendo sus ideas, haciendo distinciones y preguntas y respondiendo a otros participantes con nuevos argumentos. El diálogo promueve la mejora de la comprensión colectiva de un tema o asunto.

El nuevo formador, facilitador de conocimiento, supera el ámbito de la enseñanza y centra su acompañamiento en los procesos de aprendizaje de los participantes. Su objetivo es que, en todo momento, procesen la nueva información a través del filtro de sus propias experiencias, transformándola en conocimiento aplicable.